Sabrosos y comestibles
instantes llamados “tiempo”
sacian mi sed de sangre en
estos días tan violentos.
Bocados de odio supuran
oídos refinados a las finas
hierbas.
El ser humano infecta vuestra sed
de amor, se la come
y a cambio
os sacia con un poquito de odio.
lunes, 11 de febrero de 2008
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1 comentario:
Ni el mismísimo Bertold Bretch
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